

Según la tradición oral, ya que no hay documentos escritos que lo puedan atestiguar, el 24 de Agosto de hace un par de siglos, década arriba o abajo, algunos vecinos de la Villa se aperciben de que un numeroso grupo de “facciosos”[1] se encaminan hacia El Viso de San Juan con intención de saquear a su población. Vienen desde el Sur por el llamado hoy camino de Palomeque. Al ser avistados por estos vecinos, rápidamente hacen tañer las campanas llamando a rebato para que se refugien en sus casas, atranquen puertas y ventanas, y resistan, pues enfrentarse a ellos abiertamente es una temeridad ya que estos bandidos tenían una gran superioridad en armamento y estrategia, y eran muy crueles y vengativos con los que se les resistían. Cuando están en la entrada del pueblo y tras alguna escaramuza en las primeras casas, se cuenta que una mujer del pueblo muere a resultas de una de sus descargas, y se produce un hecho singular. Bien debido a una enorme tormenta veraniega, o tal vez un eclipse solar o un hecho milagroso, en brevísimos momentos se oscurece el cielo y se vuelve casi noche cerrada. Los bandoleros, gente ignorante y supersticiosa en extremo vuelven grupas a sus monturas y escapan con rapidez abandonando la Villa. Los vecinos de El Viso de San Juan atribuyen el desenlace a la intervención del Santísimo Cristo de la Buena Muerte. Repican las campanas el resto del día y posteriormente reunidos en asamblea deciden crear la Mayordomía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y celebrar desde ese día cada 24 de Agosto la festividad que ahora nosotros, sus descendientes, tenemos el honor de conmemorar y conservar.
[1] Nombre que se daba en esa época a los bandoleros, antiguos guerrilleros que antes lucharon contra las tropas napoleónicas y que no se reincorporaran a su vida anterior y quedan viviendo de atracos y raptos de gente honrada.
